lunes, 3 de septiembre de 2007

El universo “queso suizo” reta a la energía oscura


La energía oscura podría no ser necesaria para explicar por qué la expansión del universo parece estar acelerando. Si nuestro universo es como un queso suiza a gran escala – con densas regiones de materia y agujeros con poca o ninguna – podría al menos en parte imitar los efectos de la energía oscura, sugiere un controvertido nuevo modelo del universo.

En 1998, los astrónomos encontraron que las supernovas distantes eran más tenues, y por tanto estaban más alejadas, de lo que se esperaba. Esto sugirió que la expansión del universo estaba acelerando como resultado de una misteriosa entidad apodada energía oscura, que parece conformar el 73% del universo.Pero intentar describir la naturaleza de la energía oscura se ha demostrado extremadamente difícil. Las teorías de física de partículas sugieren que el espacio tiene una energía inherente, pero esta energía es aproximadamente 10120 veces mayor que la que en realidad se observa.

Esto ha causado que algunos cosmólogos busquen explicaciones alternativas. “No tengo nada contra la energía oscura, pero es nuestro deber hacer todo lo posible por ver si podemos evitar este exótico componente en el universo”, dice Sabino Matarrese de la Universidad de Pádova en Italia.

Por lo que él y sus colegas, incluyendo a Edward Kolb del Laboratorio del Acelerador Nacional Fermi en Batavia, Illinois, Estados Unidos, decidieron modelar el universo como si tuviese variaciones de densidad a gran escala.

Esto contradice el modelo estándar de la cosmología, que supone que el universo es homogéneo a grandes escalas. En el modelo homogéneo, conocido como universo Friedmann-Robertson-Walker (FRW), el efecto de la energía oscura es estrechar el espacio, y de estar forma incrementar la longitud de onda de los fotones procedentes de las supernovas.

Fuente: Ciencia Kanija

domingo, 2 de septiembre de 2007

Detectadas misteriosas ondas solares


Los investigadores esperan que su descubrimiento de las ondas energéticas, conocidas como Alfven, arrojen luz sobre otros fenómenos solares tales como los campos magnéticos solares y su corona súper-caliente o atmósfera más exterior. Un nuevo vídeo muestra las ondas en acción.

"Las ondas Alfven pueden proporcionar una ventana a procesos que son fundamentales con el funcionamiento del Sol y su impacto en la Tierra", dijo Steve Tomczyk, un científico espacial con el Centro Nacional para la Investigación Atmosférica, NCAR (National Center for Atmospheric Research).

Al igual que una onda viajando a los largo de una cuerda, las ondas Alfven van por las líneas del campo magnético solar y llegan a las profundidades del espacio. Mientras que los astrofísicos han identificado las ondas muy lejos del Sol, nunca han sido halladas cerca de nuestra estrella, las ondas eran demasiado pequeñas y demasiado rápidas para ser detectadas.

Para observar las elusivas ondas, Tomczyk y sus colegas apuntaron el instrumento polarímetro coronal multicanal, CoMP (Coronal Multichannel Polarimeter situado en Observatorio Sacramento Peak del Observatorio Solar Nacional en Nuevo México, a la brumosa y caliente corona solar. Gracias a las velocidad de imágenes del CoMP de una imagen cada 15 segundos, los científicos capturaron las ondas viajando a unos 14'5 millones de kilómetros por hora (9 millones de millas por hora).

"Las ondas son visibles todo el tiempo y se suceden por toda la corona, lo que inicialmente nos resultó sorprendente", dijo Scott McIntosh, un científico espacial en el Southwest Research Institute en Boulder, Colorado.

Las ondas podrían ayudar a explicar cómo se transfiere la energía a la corona del Sol, millones de grados más caliente que la superficie solar.

Los hallazgos de Tomczyk y sus colegas serán detallados en la edición online del 30 de agosto de la revista Science.

Fuente: astroseti

El diamante más grande del mundo


Una pequeña compañía minera de Sudáfrica asegura haber descubierto el diamante más grande del mundo.

Un accionista de la empresa, que todavía no ha sido identificada, declaró a la BBC que la piedra preciosa fue extraída en la tarde del pasado lunes durante operaciones en el noroeste del país.

De acuerdo con Brett Jolly, el extraordinario diamante se encuentra ahora protegido en las bóvedas de un banco de Johannesburgo.

Jolly explicó que la gema es de unos 7.000 quilates, lo cual representa el doble del tamaño del Diamante Cullinan, procedente de igual forma de Sudáfrica.

También conocido como la "Estrella del Sur", el Diamante Cullinan es el mayor hallado en la historia hasta el momento, y se le considera como la pieza central de la joyas de la Corona británica.

Escepticismo

Al dar a conocer la noticia, Jolly señaló que esperaba que las pruebas a que será sometida la gema demuestren su gran valor.

Sin embargo, expertos de la industria diamantífera han manifestado escepticismo. En una fotografía enviada por correo electrónico a la BBC, la piedra, que parece tener el tamaño de un coco, muestra tonalidades verdosas.

Pero un especialista del grupo De Beers, la compañía con sede en Johannesburgo dedicada a la explotación y el comercio de diamantes, dijo que el noroccidente del país no se caracteriza por producir gemas, y menos en matices verdes.

No obstante, el experto de De Beers recalcó que, de confirmarse el hallazgo, estaríamos en presencia del "Diamante del Siglo".

Fuente:
Terra

La comprensión de la música podría ser innata, como la del lenguaje


No es necesario ser un especialista o un melómano para distinguir los cambios en los movimientos de una pieza musical, aseguran expertos de la universidad canadiense de la Stanford Universtity School of Medicine de Estados Unidos, y de la universidad McGill de Montreal, en Canadá.

Diversos especialistas, entre ellos Daniel Levitin, profesor de psicología y director del Laboratory of Music, Perception, Cognition and Expertise, de la universidad McGill, aseguran que nuestro cerebro es capaz de distinguir entre el comienzo y el fin de un episodio musical, segmentando la información auditiva que recibe, y desentrañándola.

En un artículo que acaba de publicar la revista Neuron, estos científicos han detallado los resultados de un experimento en el que se estudiaron cerebros humanos durante la audición de piezas musicales poco conocidas, utilizando un escáner.

Se trataba de una serie de sinfonías del músico William Boyce, compositor británico del siglo XVIII, cuyo estilo musical resulta más o menos conocido, pero cuyas piezas no son demasiado famosas. Boyce fue elegido para evitar una predisposición en el conocimiento de los participantes en el experimento.

Trabajo conjunto

Cada vez que éstos percibían una transición entre dos movimientos dentro de las composiciones, debían apretar un botón. Ya se conocía que un área cerebral que se corresponde con la región 47 del cerebro, de las definidas por el neurólogo alemán del siglo XIX, Korbinian Brodmann, situada en el lóbulo frontal, es sensible a la estructura tanto del lenguaje como de la música.

Brodmann definió un total de 52 áreas en la corteza cerebral, que posteriormente han sido a su vez subdivididas a medida que las investigaciones en este campo han ido avanzando. El estudio realizado con escáner por Levitin y sus colegas de la universidad de Standford confirmó que esta área 47 sufría cambios cuando el proceso musical cambiaba, y especialmente en los momentos de silencio, como si el cerebro aprovechara las pausas musicales para codificar las transiciones de las piezas.

Pero, según los científicos, los análisis técnicos han proporcionado además evidencias de actividad cerebral en dos redes funcionales del cerebro distintas: en una red fronto-temporal ventral asociada con la detección de acontecimientos emergentes y, posteriormente en el tiempo, en una red fronto-parietal frontal asociada con el mantenimiento de la atención y con la actualización de recuerdos. Esto supondría que existe un trabajo conjunto de diversas partes del cerebro en el procesamiento de la información musical.

Conocimiento musical innato

Tal y como explica la revista de la universidad de Stanford en un artículo, esta última investigación de Daniel Levitin y sus colaboradores, se enmarca en un largo proceso de estudio llevado a cabo por Levitin, cuyos primeros experimentos demostraron ya que los cerebros de los profanos de la música cuentan con conceptos musicales innatos, como el ritmo, el timbre o el tono, aunque seamos incapaces incluso de definir dichos conceptos. Por esta razón, y según defiende Levitin, la música, como el lenguaje, sería un elemento innato del conocimiento de nuestra especie.

Durante años, este investigador ha explorado la relación del cerebro humano con la música a través del campo de la neurociencia, disciplina que estudia cuestiones como la operación de los neurotransmisores en la sinapsis, los mecanismos biológicos responsables del aprendizaje o el funcionamiento de las redes neuronales.

Diversos experimentos realizados por el científico con imágenes de resonancia magnética, por ejemplo, han revelado que los sonidos que escuchamos están directamente relacionados con la amígdala cerebral, situada en el lóbulo frontal del cerebro, y que sería el núcleo del procesamiento emocional.

Los resultados de años de estudio han aparecido en un reciente libro de Levitin, titulado This Is Your Brain on Music: The Science of a Human Obsession, en el que el autor ha tratado de sintetizar la co-evolución de la música y del cerebro humano, así como la relación entre ambos, intentando explicar cómo la música afecta a nuestras vidas, así como comprender mejor el cerebro desde la música y la música desde el cerebro.

Estados emocionales condicionados

En esta línea de interrelaciones entre música y biología, recientemente fueron publicados los resultados de otro estudio realizado por Levitin, en este caso en colaboración con la compañía Philips, que vinculan directamente nuestro estado de ánimo con la música gracias al efecto de ésta en la química natural del cerebro.

Se trata del estudio titulado “Life Soundtrack”, que señala que la música condiciona y modifica nuestros niveles de excitación, nuestra animosidad e, incluso, nuestra capacidad de concentración. Crear una “banda sonora” para nuestra vida cotidiana nos permitiría reforzar aquellos estados de ánimo que nos interese reforzar, de la misma forma que la banda sonora de cualquier película refuerza el efecto de sus imágenes en nosotros.

Según este estudio, la música puede ayudarnos a cambiar las pulsaciones del corazón, nuestro ritmo de respiración, la presión sanguínea, el pulso, las ondas cerebrales, las respuestas de la piel y los niveles de sustancias neuroquímicas como al dopamina, la adrenalina, la noradrenalina y la serotonina, todas ellas relacionadas con nuestra forma de enfrentarnos al mundo con un determinado estado de ánimo.