lunes, 25 de julio de 2011

¿Cuál es la esperanza de vida de un espermatozoide después de la eyaculación?


Una de las leyendas urbanas más difundidas alrededor del mundo de las piscinas públicas es, junto que si te meas un producto químico diluido en el agua cambia de color y te delata frente a los demás, que si tienes una eyaculación en el agua es posible dejar embarazada a alguna chica que chapotee cerca. Tranquilos: podéis orinar y eyacular en una piscina pública sin ninguna de esas preocupaciones (aunque naturalmente es mejor que no lo hagáis por el bien de todos).

Y es que el semen, para quien no quiere quedarse embarazada, resulta algo así como una sustancia contaminada por radiactividad. Hay mujeres que ni siquiera toleran que les roce la piel: ¿y si, por error, acaba entrando en la vagina? ¿Y si hay espermatozoides saltarines?

Para quitarnos un poco el miedo acerca del semen, pues, vale la pena saber cuánto tiempo es capaz de sobrevivir un espermatozoide cuando abandona nuestro cuerpo en la carrera de la vida (poniéndonos muy eufemísticos).

Irónicamente, los espermatozoides no se llevan muy bien con las vaginas. Más del 99 % de los espermatozoides de la eyaculación se mueren en la vagina antes de llegar a las trompas de Falopio, dado el ambiente ácido de la vagina. Por ello un hombre que cuente con menos de 20 millones de espermatozoides por eyaculación se considera infértil.

Tras introducirse en el cuerpo de la mujer, el esperma suele seguir siendo fértil entre 48 y 72 horas, pero sólo en las condiciones ideales, es decir, durante los días de la ovulación, que es cuando el pH vaginal está por encima de 6, que es el pH durante el resto de los días (el grado de acidez del ambiente ideal para un espermatozoide es de 7-7,5, y la temperatura: entre los 37 ºC y los 37,5 ºC.)

Hay otros factores que podrían influir en la suerte que corran los espermatozoides. Los trabajos llevados a cabo por los investigadores británicos Robin Baker y Mark A. Bellis, aunque todavía no son concluyentes, sugieren que el orgasmo ofrece a las mujeres una forma de controlar el esperma masculino. Si hay orgasmo, se atrae más esperma. Si no lo hay, se repele en cierta medida. Si el orgasmo se produce bajo las circunstancias de una infidelidad, entonces, el orgasmo produce mayor cantidad de contracciones para atraer mayor caudal de esperma: ¿para qué, si no, se iba a correr el riego de mantener una relación extramarital? Algo así como el efecto de los desatascadotes en los desagües. El cuello uterino, literalmente, succiona.

Si eyaculamos fuera de la vagina, la esperanza de vida del espermatozoide es muy corta. Dependiendo de la humedad y la temperatura, pueden durar sólo minutos. Lo que tarde en secarse el líquido seminal, que es donde los espermatozoides pueden sobrevivir.

Por cierto, los espermatozoides fueron distinguidos por primera vez en 1679 por Antoni van Leeuwenhoek, inventor de los primeros microscopios potentes.

lunes, 6 de junio de 2011

¿Por qué salen rayos en las erupciones volcánicas?


Este fin de semana hubo una erupción en el Cordón Caulle, donde está el volcán Puyehue en el sur de Chile, afectando a varias localidades aledañas debido al humo y las cenizas, que llegaron hasta Bariloche en Argentina. Entre las imágenes que hemos estado viendo, se ven algunas espectaculares como la que está arriba, con una especie de tormenta eléctrica estallando sobre el volcán. Ahora, ¿por qué se producen estos rayos? ¿Es algo común?

Los primeros registros de este fenómeno existen desde el año 79 d.C. tras la erupción del volcán Vesubio, documentado por Plinio el Viejo, que murió investigando el volcán, y su sobrino Plinio el Joven. Desde entonces se han visto rayos en muchas otras erupciones, incluyendo más recientemente la de Chaitén en Chile o la del volcán Eyjafjallajökull en Islandia. De modo que no es que sea una coincidencia de que “justo había una tormenta eléctrica encima”, sino que algo que regularmente ocurre en erupciones volcánicas. Pero, ¿por qué se producen?


Partamos por ver qué es un rayo: se trata de una descarga electrostática que se produce cuando se genera una diferencia de potencial eléctrico muy grande entre dos lugares (dos nubes, por ejemplo). La descarga ocurre cuando la distribución de las cargas positivas y negativas forman un campo eléctrico lo suficientemente fuerte.

Qué es lo que produce inicialmente la formación de los rayos es un asunto que todavía se debate, y los científicos han estudiado varias opciones, desde las características que componen las nubes, el impacto de las partículas solares, la presencia de hielo y otras opciones, que puedan causar la separación entre cargas positivas y negativas en la atmósfera.

En una erupción volcánica, las rocas y cenizas que salen despedidas en la nube que expulsa el volcán son, en teoría, eléctricamente neutras. Sin embargo, salen tan calientes desde adentro de la Tierra que no cada partícula es neutral: muchas están cargadas positiva o negativamente, y varias se van cargando en el camino a medida que chocan entre sí y se produce estática.

Ahora, para que aparezcan rayos se necesita que esas partículas se separen y que las positivas se vayan hacia un lado, y las negativas hacia otro. Esto se produce de forma más o menos natural, ya que a medida que se mueven, se crea un campo electromagnético. Cuando la diferencia de carga se hace muy grande, los electrones fluyen y se producen los rayos.

De todos modos, al igual que con el resto de los rayos, los mecanismos exactos que producen la separación de las cargas todavía son debatidos por los científicos, así que la explicación no está todavía 100% clara. Lo que sí está claro, es que las erupciones volcánicas sí pueden producir rayos.

sábado, 21 de mayo de 2011

¿Cómo funciona el botijo?



Los más jóvenes puede que no hayan bebido jamás de un botijo, pero la mayoría de nosotros ha bebido de alguno e incluso posee uno en casa, ya que es un elemento típico de la cultura española, especialmente por el sur de nuestro país. Este dispositivo representa una de las obras de ingeniería más simples y efectivas, ya que sin ningún tipo de aporte de energía
es capaz de enfriar el líquido que se encuentra en su interior.

Para que os hagáis una idea de su potencial, si dejamos el botijo colocado en una temperatura ambiente de unos 30 grados centígrados, es capaz de enfriar el agua de su interior hasta 10 grados. De hecho, enfría la temperatura con cierta velocidad ya que normalmente es capaz de disminuir estos 10 grados en menos de una hora. Veamos cómo funciona.

Un botijo es un recipiente de arcilla cuyo objetivo es almacenar agua y enfriarla. El orgien de este término se remonta a los romanos, que lo denominaban “buttis”. Actualmente suele recibir diferentes nombres en función de la localidad: en Andalucía se conoce como “búcaro”, en Cataluña como “càntir”, etc.

Se utiliza la arcilla porque el funcionamiento del botijo se basa en la porosidad de su superficie. Es decir, el material no está totalmente cerrado y el agua de su interior puede salir a la superficie. Este efecto se conoce normalmente como sudar, ya que literalmente parece que el botijo suda el agua de su interior y se enfría. Podéis ver este fenómeno en cualquier botijo que esté lleno de agua.

El proceso de fabricación de estos poros se realiza a la hora de calentar la arcilla moldeada. En función de la temperatura a la que calentemos el recipiente en un horno, su superficie será más o menos porosa. En cualquier caso, también se podrían eliminar estos poros pintando su superficie o barnizándola, pero el botijo perdería todo su potencial y sólo nos serviría como un gran pisapapeles.

¿Y por qué enfría el agua el botijo sólo por tener ciertos poros? Lo primero que tenemos que tener en mente es que cuando un líquido se encuentra caliente, es decir tiene cierta energia, sus moléculas se mueven de un lado a otro. Cuanta más energía tiene el líquido (más caliente está), más se desplazarán las moleculas y más se chocarán unas con otras. Cuando introducimos agua caliente en un botijo, las moléculas de agua se desplazan unas sobra las otras, tanto en la parte inferior de éste, como en su superficie. En concreto, en la superficie existen moléculas que están en contacto con otras moléculas de su alrededor y con el aire que está encima. Al ser golpeada por las moléculas vecinas, una molécula que se encuentre en la superficie puede saltar hacia arriba y mezclarse con el aire, formándose una fina nube de vapor de agua en torno a la superficie.

Esta molécula que se ha escapado consigue que haya menos energía en el agua, ya que se la ha llevado consigo. Podéis verlo de esta forma. Esa molécula que acababa de recibir un “impacto” no va a golpear a las moléculas de su alrededor, ya que se ha escapado a la superficie, por lo que la “energía total” del conjunto se ve disminuida. Otra forma de verlo es imaginar cientos de bolas de ping-pong encerradas en un recipiente y chocando entre sí. Si vamos quitando bolas, cada vez habrá menos choques, y por tanto menos energía.

Ya hemos visto el mecanismo por el cual una molécula de agua salta al aire del exterior convirtiéndose en vapor de agua. Sin embargo hay que tener en cuenta otro factor. ¿No podría ese vapor de agua volver a la superficie de líquido y volver a calentarlo? ¿No habría que retirar ese vapor de agua para facilitar que nuevas moléculas “salten” hasta arriba y continúen enfriando el líquido? Esto es exactamente lo que hay que hacer. Si dejásemos un recipiente lleno de agua en una habitación hermética cerrada, el vapor de agua formado por las moléculas que han escapado llegarían a un equilibrio, y el líquido no continuaría enfriándose. Tendríamos que ventilar la habitación y sacar ese vapor de agua. Para eso necesitamos los poros del botijo, para que las moléculas de agua puedan abrirse paso hacia la superficie.

Sin embargo, hace falta un ingrediente más: que exista una corriente de aire seco en el exterior que se lleve este vapor de agua alrededor del botijo. Es el mismo mecanismo por el que ponemos la ropa a tender. Si el ambiente exterior es seco, la ropa se secará antes. Así, en localidades donde el ambiente es menos húmedo, los botijos tienen un mayor rendimiento y pueden descender la temperatura del líquido hasta 13 grados centígrados.

sábado, 7 de mayo de 2011

¿Existen alimentos que nos hagan quemar más calorías de las que aportan?


A todos nos gustaría encontrar una comida que no nos aportara calorías. Pero ¿es una búsqueda vana? ¿Qué son los alimentos de calorías negativas?

El valor calorífico de un alimento es la medida de su contenido energético, y una parte fundamental de ello depende de las cifras relativas que contiene de átomos de carbono, hidrógeno y oxígeno.

Para que un alimento sea una fuente de calorías negativas debe proporcionar menos calorías de las que se necesitan para comerlo. Como no hay alimentos con cero calorías, una opción sería consumir alimentos que nunca liberasen energía porque el cuerpo no puede descomponerlo.

Por ejemplo, la celulosa. Se compone de carbohidratos de alto contenido energético, pero en una forma que los seres humanos han perdido la capacidad de digerir, por lo que nos pasa por el cuerpo sin aportarnos calorías.

Por esa razón, vegetales como el apio y la col tienen un recuento tan bajo de calorías (entre 20 y 30 calorías): porque están llenos de energía, pero en su mayor parte en una forma que los humanos no pueden descomponer ni utilizar.

Esta clase de alimentos podrían convertirse en alimentos de calorías negativas sin la energía necesaria para digerirlos excediera la cantidad que aportaran. Por ejemplo, al masticar y digerir una rama de apio, quizá consiguiéramos gastar más energía de la que recibimos. Ciertos experimentos sugieren que la digestión de una comida vegetariana quema entre 50 y 60 kilocalorías.

O imaginad una bebida Light fría. Una vez consumida la lata, necesitamos alrededor de 10 kilocalorías para calentarlo a la temperatura del cuerpo. Dado que la bebida fría tendría alrededor de 3 kilocalorías, el aporte sería de 7 kilocalorías negativas.

Pero antes de os pongáis contentos, ahora viene la mala noticia: la cantidad de calorías negativas que podemos consumir al día de una manera razonable no llega a unas pocas decenas, y para quemar medio kilo de grasa necesitamos unas 3.000 kilocalorías.

O dicho de una manera más tajante: puede que existan alimentos con un valor calórico negativo, pero resultan completamente irrelevantes a la hora de mantener la línea.